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viernes, 23 de octubre de 2009

168 - Constitucion / Puente Saavedra - 00:00 aproximadamente.

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En viaje: el cuerpo permanece estático en su sitio, mientras alrededor los objetos se desvanecen, perdiendo su forma, y dejando quizás el recuerdo en la retina. Las observaciones son cuestionables en el movimiento constante, porque a sus costados los hechos son fugaces, tan fragmentarios como un rompecabezas cuyas piezas mutan metamórficas en cada nueva rememoranza, recuerdo, atisbo de memoria.

Tantas luces destellantes, pulsantes, revoloteando en la frontera entre la ventanilla y el exterior, fueron suficiente causa para confundir la visión de nuestros viajantes. Envueltos y sellados en un explosivo repulgue de dudas y aseveraciones que pronto tienden a corregir y refutar, y viceversa, at infinitum. Entonces, una definición correcta: "la duda instintiva".

Los sentidos responden por estímulos, son efectos. Suena como una advertencia de Institución dependiente del Estado, un comunicado del Ministerio de Salud, una alarma cívica sobre la sensibilidad del organismo facilmente estimulable, "un horror!" señala una franja etérea que bordea los treinta.

Los sentidos avanzan desorientados entre postales pixeladas, juntando las piezas faltantes y orientando su recolección a un reciclado verosímil, creíble, al menos para el protagonista. Poco a poco, empiezan a emerger las coincidencias entre los pasajeros. Varios recuerdan calles del trayecto, sus nombres, numerologia, cruces epicentros donde las multitudes coinciden y los ómnibus también. Otros, no pensarían en nomenclaturas cuando tienen la referencia de sus paisajes, de sus postales dispersas y fragmentadas, imagenes que funcionan como guia para estos viajantes.

En ocasiones, La Duda Instintiva se transforma en un método de conocimiento, donde la búsqueda por lo verdadero es despostario de minúsculas porciones de Fe, y, a diferencia de ello, la acción se enfoca en conocer lo que apenas considera una aproximación -personal en cada lectura-, un reflejo de búsqueda y al mismo tiempo de conciencia, una reflexión instantánea acerca de lo efímero, fragmentario y dudoso, ¿seré yo?
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Sobre la imagen: una imagen tomada por mi celular: solo luces, destellos y explosiones.
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lunes, 7 de septiembre de 2009

8/9 de septiembre del año 2009, sobre un recuerdo y un turista.

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Una civilización bajo tierra no es un un fenómeno in-cre-i-ble. Podría tratarse de cualquier organización de entidades vivientes, como hormigas ("el caso de la hormiga argentina", nota especial aquí) o lombrices, muchas de ellas capaces de consolidar un fenómeno en verdad paradigmático. No olvidamos que los seres humanos también pueden adaptarse a estas condiciones del ecosistema, sin problemas. De hecho, hay una arquitectura especialmente diseñada, funcional a la supervivencia y expansión de la humanidad.

"Mi civilización", seré mas humilde, la civilización a la cual me refiero, con la cual tropecé hace días, es una cuyo principal atractivo es estar perdida en el tiempo, anacrónica.

Atraviesa el subsuelo de la avenida 9 de Julio. Anexada en directo a uno de los epicentros de esta ciudad: las lineas del subterráneo -subte, transporte publico- y la guia brújula de cualquier caminante de la superficie, el obelisco. Allí se extienden, a lo largo del inframundo, una serie de corredores, pasillos, y un ¿shopping PH del 60'?.

Las lineas B, C y D confluyen explotando las profundidades en kilómetros de caminos, donde la marea humana circula por los intersticios que propone la arquitectura, descendiendo aun mas por escaleras de paredes graffiteadas o ascendiendo como el violento golpe de una ola, con fuerza y premura. En estas condiciones, arrojado a mi suerte, arribe al "Shopping" olvidado.

Estación Carlos Pellegrini, linea B. Busque escaleras y pasillos que orienten mis pasos hacia la avenida Corrientes, pero mi percepción adormecida solo captaba una dirección monolítica. La seguí. Se vislumbraba un túnel, a través de un horizonte repleto de señalizaciones. Continué, doble, continué, doble, adentrandome a su interior.

Vidrieras abandonadas aun se esforzaban por detallar viejos carteles amarillentos, posters, calendarios, a cada paso uno nuevo, a cada paso un año viejo. Varias personas dormían acurrucadas en el suelo, desparramadas, también arrojadas a su suerte como desechos del mar. El inframundo es su refugio compartido cuando arriba las lluvias y el frió son crueles y constantes. Los veo. Quizá un vinculo nos unía entonces. Pensé dormir entre cartones, pero temí despertar.

Continué. Doble. El shopping PH del 60' apareció ante mi. La imagen lo muestra. Un pasillo de comercios, variados, los cuales dificilmente puedan ubicarse en un mismo espacio, puesto que muchos no tienen su correlación en la superficie. Camine, tome fotos, y al instante supe quien era el turista allí.
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