domingo, 8 de noviembre de 2009

Canciones

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"Escuchar canciones". Una frase trae consigo sus palabras y significados, palabra por palabra cada una podría existir independiente de su relación conjuntiva: "escuchar", "canciones"; "escucho canciones" o "canción escucha"; en el primer juego de palabras aparece la persona: “yo”; en el segundo, un destinatario: el sujeto intangible que escucha -la canción-.

Escucho canciones, colocando al reverso los polos de mi tiempo musical, invirtiendo el sentido de mi búsqueda auditiva, quebrando la costumbre. A un lado acomodo la complejidad musical, ese entramado de melodías imposibles, de ruidos confesos, que habitualmente ocupan mi rockola personal.

No, no abandonaría esos discos. Ahora, mientras realizo esta aparente separación entre unos y otros, recuerdo una canción, "canción", Gabo Ferro, dice en "La Casa, Nuestros Discos" ("Amar, Temer, Partir"; 2008):

Fundamos nuestra casa comprándonos los discos,
poniendo nuestros nombres juntos en cada tapa,
y ahora que la casa se ha llenado de ruido
la música se marcha y lleva los discos consigo

En la estampida tiembla lo que debe decirse
y así nos separamos sin hablar de los discos.
Una tapa en tu bolso con su disco en el mío
y así se fue quedando, solos, rayados, partidos


(...)

Comparto. Gabo, el documentarista, retrata delicadamente el ecosistema que construyen los discos en una vida, y, más aun, en una vida compartida (amor, pareja, convivencia, y demás tags). Ferro es autobiográfico para nuestra fortuna como observadores, mientras avanza sobre sus apuntes, pincha alfileres en sus dedos para recordar que el cuerpo siente, sensible y frágil.

El testimonio me ayuda a pensar la materialidad que rodea a los discos (no señores, no me refiero a los modos de producción capitalista). A su alrededor hay un cosmos de ensueño, paisajes anhelados por la lírica conviviendo con postales que imaginamos como oyentes. Entre melodías, adscribimos al relato escrito para luego intervenirlo y modificar su esencia de acuerdo a nuestras circunstancias interiores.

Sin embargo, indefectiblemente, el disco o la canción, remiten a un escenario donde los actores, parlamentos y vestuario se aferran testarudos a viejos calendarios, fijando fechas, espacios y personajes. Gabo dice: "Fundamos nuestra casa comprándonos los discos / poniendo nuestros nombres juntos en cada tapa". Crueles, los recuerdos se adueñan de la libertad que proponen las canciones -los discos-, encapsulando su emancipación original a un tupper ware repleto de fotografías y discontinuados casettes TDK, ni hablar de cartas de amor. Acostumbrados a influenciar los recuerdos con canciones, olvidamos la posibilidad de reconocerlas como “canción”, relato, melodía, testimonio.

Una canción jamás se abandona, o, la canción jamás te abandona. Una canción que pervive como recuerdo reaparece en el movimiento cotidiano, así funciona el trasfondo musical: “el soundtrack de nuestras vidas” que no se detiene, al ritmo del oyente contemporáneo, de aquel que pronuncia palabras e instantáneamente se vuelven palabras dichas, pasado.

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Sobre la imagen: una fotografía personal acerca del paso efímero de un pañuelo de cuello, un almohadón y unos acolchados; aquí los objetos son tangibles en su diseño, pero intangibles en cuanto a la proyección, representación, fotografía.

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