lunes, 7 de diciembre de 2009
Musica y Postmodernidad (apuntes)
Nacimiento del posmodernismo
El posmodernismo puede ser considerado una respuesta al modernismo que defiende los productos de la actividad humana —particularmente los manufacturados o artificiales— como el sujeto central del arte misma, y la idea de que el propósito del arte es focalizar la atención del público sobre objetos para su contemplación, tal como el crítico Steve Hicken lo explica.
Esta teoría del modernismo vuelve a la Escuela dadaísta ejemplificada por Duchamp, y al collage de música concreta, así como los experimentos con música electrónica de Edgard Varèse y otros. No obstante, el posmodernismo defiende que éste fue el modo primigenio de existencia humana, un buceo individual en el mar de producción del hombre.
John Cage es una figura prominente en la música del siglo XX; su influencia fue creciendo durante su vida, y hoy es recordado por muchos como el fundador de la música postmoderna. Cage cuestionó la misma definición de música en sus piezas, e insistió en la filosofía de que todos los sonidos son esencialmente música. En su 4’33” confronta al oyente con su idea de que los sonidos no intencionales son tan musicalmente válidos como los originados por un instrumento. Cage también usó notablemente música aleatoria, y sonidos hallados con el objetivo de crear un estilo de música interesante y diferente. Su música no solamente se basa en el argumento de que no hay “música” o “ruido” sino sólo “sonido”, y que las combinaciones de sonidos hallados constituyen eventos musicales, sino también en la importancia de focalizar la atención y en la “invención” como esenciales al arte.
Cage, sin embargo, ha sido catalogado por algunos como demasiado vanguardista en su enfoque; por esta razón, muchos encuentran su música antipática. Resulta interesante analizar que la aparente oposición al indeterminismo de Cage, la música sobrestructurada de los serialistas, ha producido piezas de sonoridad similar, incluso muchos serialistas como por ejemplo Pierre Boulez o Karlheinz Stockhausen han utilizado procedimientos aleatorios. Michael Nyman dice en música experimental que el minimalismo fue una reacción generada por y contra el serialismo y el indeterminismo.
El posmodernismo encontró a la música y la pintura en momentos muy similares; por un lado la sobriedad, pureza, amor por la mecánica, abstracción y la trama en la que muchos rasgos modernistas fueron preservados, como el énfasis sobre el estilo personalizado y la experimentación. Sin embargo, los posmodernistas rechazaron la instancia hermenéutica del modernismo (la necesidad de estar en el ambiente del modernismo). En lugar de ello, el posmodernismo toma lo popular y lo reduce a su guía estética. Uno de los primeros movimientos que rompió con el modernismo se inspiró en el trabajo de Cage, y su énfasis en los sonidos por capas: el minimalismo.
Poliestilismo
Poliestilismo es el uso de múltiples estilos o técnicas musicales, y es considerado una característica posmoderna. Compositores poliestilísticos son, por ejemplo,
* Lera Auerbach,
* William Bolcom,
* Sofia Gubaidulina,
* George Rochberg,
* Magaly Ruiz,
* Alfred Schnittke,
* Dmitri Silnitsky,
* Valentin Silvestrov,
* Frederic Rzewski,
* Ezequiel Viñao,
* Frank Zappa,
* John Zorn,
* Santiago Sosa Rolón.
Minimalismo (1960-...)
Varios compositores de fines del siglo XX comenzaron a explorar lo que ahora llamamos minimalismo. La más específica definición de minimalismo refiere al dominio de los procesos en música donde los fragmentos se superponen en capas unos a otros, a menudo se repiten, para producir la totalidad de la trama sonora. Ejemplos tempranos incluyen En do (de Terry Riley) y Tamborileando (de Steve Reich). La primera de estas obras hizo que Riley fuera considerado por muchos el padre del minimalismo; es una pieza formada por celdas melódicas comprimidas, que cada intérprete en un conjunto toca a su propio tempo. La onda minimalista de compositores —Terry Riley, Mike Oldfield, Philip Glass, Steve Reich y La Monte Young, para nombrar los más importantes— deseaban hacer la música accesible para los oyentes comunes, expresando cuestiones específicas y concretas de la forma dramática y musical, sin ocultarlas bajo la técnica, sino más bien haciéndolas explícitas.
Una diferencia clave entre el minimalismo y la música previa es el uso de diferentes celdas "fuera de fase", a gusto de los intérpretes; compare esto con la obertura de El oro del Rin de Richard Wagner, donde a pesar del uso de triadas de celdas, cada parte está controlada por un mismo impulso y se mueve a la misma velocidad.
La música minimalista resulta controvertida para oyentes tradicionales. Sus críticos la encuentran demasiado repetitiva y vacía, mientras que sus defensores argumentan que los elementos fijos que a menudo son permanentes producen mayor interés en los pequeños cambios. De todas formas, el minimalismo han inspirado e influenciado a muchos compositores habitualmente no etiquetados como minimalistas (como Karlheinz Stockhausen y György Ligeti). Compositores como Arvo Pärt, Joh Travener y Henryk Górecki, cuya Sinfonía N.º 3 fue el álbum clásico más vendido en los años noventa, encontraron gran éxito en lo que se ha dado en llamar “minimalismo feliz” en obras de profundo sentido religioso.
La siguiente ola de compositores que incursionaron en este estilo no son llamados minimalistas por algunos, pero sí por otros. Por ejemplo, el compositor de ópera John Adams, y su alumno Aaron Jay Kernis. La expansión del miminalismo de un sistema musical a música dependiente de la textura para acompañar el movimiento ha generado una diversidad de composiciones y compositores.
John Cage
John Cage (Los Ángeles, 5 de septiembre de 1912 - Nueva York, 12 de agosto de 1992) fue un compositor e instrumentista estadounidense.
Estudió junto a los compositores estadounidenses Henry Cowell y Adolph Weiss y revolucionó la música contemporánea dotándola de un lenguaje caótico, continuando la trayectoria de Edgar Varèse y Charles Ives. Una de sus influencias fue el Zen, el cual le condujo en lo musical a usar silencios interminables, sonidos desconectados, casuales y atonales con un volumen, duración y timbre aleatorios.
En ocasiones dejaba que el azar eligiera sus composiciones. Por ejemplo, llegó a usar un método según el cual se perforaba una hoja de papel en los lugares en los que se encontraba alguna imperfección, para luego mediante un papel transparente iba calcando estas marcas sobre un pentagrama.
Ya en la década de los 30 comenzó sus primeros trabajos demostrando talento para ritmos imposibles e invenciones como su sistema de veinticinco tonos. Usó distorsiones para sus instrumentos llegando a declarar: "Creo que el uso de ruidos en la composición musical irá en aumento hasta que lleguemos a una música producida mediante instrumentos eléctricos, que pondrá a la disposición de la música cualquier sonido y todos los sonidos que el oído pueda percibir. Se exploran los medios fotoeléctricos, el filme y diversas mecanismos para la producción de música". Durante los últimos años de esta década Cage inventó el piano preparado, al cual le había insertado en el encordado una serie de tornillos, tuercas y trozos de goma y madera que dotaban al instrumento de una variedad nueva de posibilidades sonoras. Seguramente la composición más innovadora de entre las que compuso para este piano preparado es una una suite que dura 69 minutos llamada Sonatas and Interludes (1946-1948).
Cage usaba el término "música no-intencional" para algunas de sus obras. Un ejemplo es 4'33" (1952), cuya partitura no especifica sonido alguno que deba ser producido durante los 4 minutos y 33 segundos que dura la obra. La primera interpretación de la misma fue a cargo del pianista David Tudor.
En 1989 fue galardonado con el Premio Kyoto (Premio de la Fundación Inamori, Kyoto).
Enlaces:
Steve Reich - Four organs
John Cage - Sonatas and Interludes for Prepared Piano
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martes, 1 de diciembre de 2009
Nick Drake:cuando la lirica interviene el lenguaje, las imagenes se multiplican
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Sobre el vídeo: Nick Drake, un joven cantautor ingles de trágico final, describe una imagen intraducible para quienes hablamos castellano, ya que nuestra lengua no posee metáforas paralelas que puedan transcribir de igual forma la imagen onírica que Drake propone en Place To Be. Dice: "and i was green, greener than a hill", verde, y mas verde que una colina, aunque las palabras parezcan referirse a pigmentaciones o coloración, Drake propone el ciclo de la vida como imagen transitiva del hombre, del cuerpo, de la madurez de colores vivos en contraste temporal con la incipiente inmadurez verde como una colina, como el cesped de primavera, como el entrelazado de copas de arboles que siempre dan sombra -tan verde que no supo ver.
Lo de arriba, lo de abajo.
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Flores, imaginación y confusión en una tarde fresca.
.Hay flores en las calles, alfombrando baldosas que ahora lucen acolchonadas, cuan afortunados, el suelo floreado tiñe las grises tonalidades de la ciudad, siempre enmarcada en un retrato de penumbras y tan acostumbrada a mimetizarse con los días de lluvia, las nubes grumosas y espesas, la garua que oculta la lágrimas y el frío que somatiza la tristeza. Pero, las flores no. Atravesamos el juego de climas que anuncian la emergencia del verano, lo vemos aproximarse porque lo sentimos recorriendo el cuerpo como una frazada inoportuna que comienza a cubrirnos las piernas, los brazos, el cuerpo, hasta sudar y completar los síntomas del cuadro febril: alucinaciones, fiebre, calor.
Mientras tanto, la primavera porteña despliega su escenario de fantasía, perfuma, suaviza, y entonces creo estar al interior de un comercial de jabón en polvo, entre lavarropas y jóvenes mujeres que recomiendan el producto que salvo sus vidas; y al fin del enunciado me reconozco inmerso en la imagineria de la programación televisiva, donde la felicidad es una bebida, donde la primavera un suavizante para lavarropas, y me miro en el reflejo de la pantalla, escribiendo, y no, algo falla.
Me transporto donde las flores y perfumes desbordan los sentidos, floto por sobre los pétalos esparcidos, me deslizo pero no resbalo, caigo pero no al suelo, observo pero antes siento. Primavera deslizante, pronto te iras finalmente, allá donde piden tus caricias y alegre compañía, continuas tu rumbo horizontal pasando por cada ser que una tarde percibió tu existencia en una abrupta explosión alérgica o al sentarse una tarde de plazas viviendo la explosión colorida, de vida.
Transito por el alfombrado, el aroma, los colores, está fresquito...
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Sobre la imagen: hablamos de flores, arboles, y la cola de la primavera en salida.
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domingo, 8 de noviembre de 2009
Canciones
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"Escuchar canciones". Una frase trae consigo sus palabras y significados, palabra por palabra cada una podría existir independiente de su relación conjuntiva: "escuchar", "canciones"; "escucho canciones" o "canción escucha"; en el primer juego de palabras aparece la persona: “yo”; en el segundo, un destinatario: el sujeto intangible que escucha -la canción-.
Escucho canciones, colocando al reverso los polos de mi tiempo musical, invirtiendo el sentido de mi búsqueda auditiva, quebrando la costumbre. A un lado acomodo la complejidad musical, ese entramado de melodías imposibles, de ruidos confesos, que habitualmente ocupan mi rockola personal.
No, no abandonaría esos discos. Ahora, mientras realizo esta aparente separación entre unos y otros, recuerdo una canción, "canción", Gabo Ferro, dice en "La Casa, Nuestros Discos" ("Amar, Temer, Partir"; 2008):
Fundamos nuestra casa comprándonos los discos,
poniendo nuestros nombres juntos en cada tapa,
y ahora que la casa se ha llenado de ruido
la música se marcha y lleva los discos consigo
En la estampida tiembla lo que debe decirse
y así nos separamos sin hablar de los discos.
Una tapa en tu bolso con su disco en el mío
y así se fue quedando, solos, rayados, partidos
(...)
Comparto. Gabo, el documentarista, retrata delicadamente el ecosistema que construyen los discos en una vida, y, más aun, en una vida compartida (amor, pareja, convivencia, y demás tags). Ferro es autobiográfico para nuestra fortuna como observadores, mientras avanza sobre sus apuntes, pincha alfileres en sus dedos para recordar que el cuerpo siente, sensible y frágil.
El testimonio me ayuda a pensar la materialidad que rodea a los discos (no señores, no me refiero a los modos de producción capitalista). A su alrededor hay un cosmos de ensueño, paisajes anhelados por la lírica conviviendo con postales que imaginamos como oyentes. Entre melodías, adscribimos al relato escrito para luego intervenirlo y modificar su esencia de acuerdo a nuestras circunstancias interiores.
Sin embargo, indefectiblemente, el disco o la canción, remiten a un escenario donde los actores, parlamentos y vestuario se aferran testarudos a viejos calendarios, fijando fechas, espacios y personajes. Gabo dice: "Fundamos nuestra casa comprándonos los discos / poniendo nuestros nombres juntos en cada tapa". Crueles, los recuerdos se adueñan de la libertad que proponen las canciones -los discos-, encapsulando su emancipación original a un tupper ware repleto de fotografías y discontinuados casettes TDK, ni hablar de cartas de amor. Acostumbrados a influenciar los recuerdos con canciones, olvidamos la posibilidad de reconocerlas como “canción”, relato, melodía, testimonio.
Una canción jamás se abandona, o, la canción jamás te abandona. Una canción que pervive como recuerdo reaparece en el movimiento cotidiano, así funciona el trasfondo musical: “el soundtrack de nuestras vidas” que no se detiene, al ritmo del oyente contemporáneo, de aquel que pronuncia palabras e instantáneamente se vuelven palabras dichas, pasado.
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Sobre la imagen: una fotografía personal acerca del paso efímero de un pañuelo de cuello, un almohadón y unos acolchados; aquí los objetos son tangibles en su diseño, pero intangibles en cuanto a la proyección, representación, fotografía.
miércoles, 28 de octubre de 2009
28 de octubre del año 2009
Podria estar equivocado...
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Sobre la cancion: pertenece al disco Amnesiac de Radiohead del año 2001, interpretado por el clarinetista frances Sébastien Paindestre y su trio (mas info en: amnesiacquartet).
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martes, 27 de octubre de 2009
Dudar y respirar
.En el candente fervor de una discusión, en el momento culmine de las exposiciones, me planteo la posibilidad de estar errado, de disminuir el énfasis con el cual llevo adelante mis afirmaciones y además intentar el ejercicio de hibridización de mi idea con su antítesis, a la cual me opongo u oponía.
Reset. Mi certeza vuelve al inicio, al primitivo escenario donde solo había pilares y bocetos, un croquis: del edificio que llevaría adelante los fundamentos de mi postura, era el plan, la posibilidad.
Golpe tras golpe, la duda desmorono la arquitectura y dejo ir las preguntas que ahora recorren el terreno de mi conocimiento. Me pregunto por el sentido de mis palabras escritas en mi mente y la computadora, por el deslizamiento de mi bolígrafo en notas al interior de papeles y cuadernos, me pregunto por el sentido de lo que creí verdadero y ahora se cae, irreconocible, en fragmentos.
Observo las pupilas ajenas como un salvavidas ante la oceánica intemperie que hunde a mis pensamientos. La mirada entre panelistas me permite el tiempo para reordenar mis palabras. La primera reacción, el primer grito de socorro, auxilio, 911, es la Improvisación. Utilizo el método y avanzo una considerable porción de casilleros, mientras exploto la verba (mas cercano al sofista que a Theos) y me abstengo de cualquier observación pertinente, me dedico exclusivamente a la defensa y al entretenimiento.
Tácticas de distracción aparte, estaba perdido, debia reformularme, pero con elegancia.
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Sobre la imagen: una fotografía tomada en el lugar de comidas "La Americana", en la imagen, un pingüino.
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