martes, 27 de octubre de 2009

Dudar y respirar

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En el candente fervor de una discusión, en el momento culmine de las exposiciones, me planteo la posibilidad de estar errado, de disminuir el énfasis con el cual llevo adelante mis afirmaciones y además intentar el ejercicio de hibridización de mi idea con su antítesis, a la cual me opongo u oponía.

Reset. Mi certeza vuelve al inicio, al primitivo escenario donde solo había pilares y bocetos, un croquis: del edificio que llevaría adelante los fundamentos de mi postura, era el plan, la posibilidad.

Golpe tras golpe, la duda desmorono la arquitectura y dejo ir las preguntas que ahora recorren el terreno de mi conocimiento. Me pregunto por el sentido de mis palabras escritas en mi mente y la computadora, por el deslizamiento de mi bolígrafo en notas al interior de papeles y cuadernos, me pregunto por el sentido de lo que creí verdadero y ahora se cae, irreconocible, en fragmentos.

Observo las pupilas ajenas como un salvavidas ante la oceánica intemperie que hunde a mis pensamientos. La mirada entre panelistas me permite el tiempo para reordenar mis palabras. La primera reacción, el primer grito de socorro, auxilio, 911, es la Improvisación. Utilizo el método y avanzo una considerable porción de casilleros, mientras exploto la verba (mas cercano al sofista que a Theos) y me abstengo de cualquier observación pertinente, me dedico exclusivamente a la defensa y al entretenimiento.

Tácticas de distracción aparte, estaba perdido, debia reformularme, pero con elegancia.
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Sobre la imagen: una fotografía tomada en el lugar de comidas "La Americana", en la imagen, un pingüino.
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