.Pensaba en las palabras de Diego y la instantánea indignación que causo aquí y en todo rincón donde el personaje histórico haya sido televisado (etc), al menos una vez.
Pensaba y me preguntaba, ¿quien soy para juzgarlo?
Claro, la violencia del lenguaje no permite huecos por donde filtrar una pregunta, incluso la duda parece el mote de quienes repiten y fomentan este tipo de expresión exacerbada. El pensamiento formal sobre lo dicho, el pensamiento letrado, dispara un argumento critico, uno solo: "esta mal".
Como miguitas de pan esparcidas por el suelo, como un rastro que se dibuja a sus espaldas mientras continua su recorrido y espera que otro siga ese camino: el sendero delineado, repleto de señalizaciones: la premisa es una y sobre ella se transita.
Bajo la lente de un meticuloso microscopio, se escanean palabra por palabra las manifestaciones de un hombre fuera de si, poseído por las pasiones mas reprimibles y al mismo tiempo lejos del cuidado cotidiano que subraya su vocabulario; entonces, ¿que tenemos? un hombre desnudo, es la respuesta.
Del cuerpo desnudo dispuesto sobre una mesa, rodeado de analistas y lamparas de diferentes intensidades, solo podríamos esperar una disección publica. En este espacio científico, mutitudinario, pulcro y desinfectado, los asistentes se comunican mediante una lengua cargada de complejidad. Abundan los códigos y los signos encriptados, todo parece difícil para quien no esta instruido en el asunto.
Al abrir el cuerpo, los analistas inician su fase pedagógica. Toman las herramentales con sutileza pues saben que sus maniobras están siendo televisadas, y finalmente empieza la extracción. La sangre brota, desbordando los elementos de protección, pero los profesionales claman: "esta bien, es parte del proceso".
El cuerpo del hombre queda irreconocible tras los cortes iniciales, las intervenciones de los alumnos y las correcciones de sus profesores, todos profesionales de igual modo. El publico parece conforme.
.
Sobre la imagen: en una Iglesia del barrio de Recoleta hay un cuerpo de material, un Cristo de fantasía que yace moribundo en un feretro publico, una imagen que posiblemente no olvide con facilidad. El barrio carga con su propia historia, llena de muertes, venganza, poder y dinero; entre tanta desmesura Cristo permanece inmóvil en el suelo, indefenso y débil. Un mensaje.
0 comentarios:
Publicar un comentario