Una plazoleta guiña su ojo complice a los pícaros transeúntes, quienes sonríen, sonrojados ellos y ellas, mientras fingen caminar distraidos u enfocados en una charla fantasma. "Que alegría" piensan quienes atraviesan las arboledas, el techo de copas, los bancos y las estatuas. Pero ellas no piensan en la alegría, pues porque habrían de pensar en las razones del placer y la satisfacción. Ellas, quizás respondiendo a los suspiros de los caminantes, dirían: "amigos, esto no es un obsequio, esto simplemente es la felicidad".
Ambos, un niño cartonero y yo, nos detenemos junto a las rejas que encierran la plazoleta. Mi asombro era en absoluto desubicado, insolente, desafiante, frente a las miradas del publico de plaza -yo, boquiabierto-; el niño cartonero pudo haber pensado lo mismo y asustarse u ofenderse de igual modo, aunque dudo haber sido el objeto de su sorpresa.
Nos miramos, incrédulos, el niño maravillado frente a una mujer que parecía dirigirse a nosotros, y yo, esa vez, creí haber esbozado un argumento: cuanta hermosa femeneidad.
Las rejas no frenaron mi renovado estimulo y atravesé el acero, todo por llegar a las féminas.
¿Recitaron sonetos?
¿Se oyeron las estrofas de sus melodías?
¿Eran suaves sus voces?
Oh! por la belleza de sus cuerpos! no lo se!
A sus espaldas, El árbol de la vida pintaba el paisaje natural y silvestre.
Como si se tratese de un nuevo guiño, complice y pícaro, hacia el comienzo de una búsqueda que incluya la sabiduría.
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Sobre la imagen: una fotografía tomada por la cámara de mi celular, en una plazoleta del barrio de Belgrano (Bs As, Cap. Fed.), bellas estatuas. También puede ingresar a este link donde encontrara algunas palabras sobre esta misma imagen. Salud!
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