.El bajo es una metáfora urbana que señala un espacio cercano al puerto y alejado del epicentro mas tumultuoso, aunque, a decir verdad, de lunes a viernes las multitudes desbordan sus calles. Esta rodeado de edificios torre cristalizados, espejos donde los cielos celestes se multiplican, o donde las grises proyecciones del horizonte se profundizan sumergiendo en el pánico a los caminantes. Hoy era una de esas tardes. Gris, de espesas nubes, flotando por sobre la arquitectura como si sus movimientos no fuesen naturales sino forzados, artificiales, transportando su existencia gaseosa de un sector a otro del horizonte hasta que la farsa colapso en una garua, lluvia e intensa lluvia con viento. Alerta meteorológico.
El bajo parecía un escenario cinematográfico. Al instante recordé las lluvias en las películas, allí el detalle siempre estuvo en buscar el rayito de luz que remitiera al verdadero sol que iluminaba ese día, en lugar de la ficción de efectos especiales. La búsqueda del error holiwoodense era parte de la diversión que todo niño incipientemente incrédulo debía advertir.
En el bajo las gotas se veían detalladas, gruesas y espejadas (mimetizadas a sus edificios contiguos), cayendo sistematicas en charcos y paraguas, con tanta precisión maquinal que llegue a preguntarme si eran verdaderas. Mojado, esperando el ómnibus, cargando mochilas y artefactos, pletórico de nuevas emociones afiliadas al gremio de la tristeza, y, quizás, yo también fuese parte del escenario, de la dramatizacion.
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